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Santiago, junto a Juan evangelista, era hijo del Zebedeo y fue pescador hasta que Jesús le llamó para ser Apóstol. Por su carácter vehemente e impetuoso se le ha denominado "Hijo del Trueno". La tradición le identifica como el Apóstol que evangelizó la península Ibérica. No obstante, es en Palestina donde muere. Herodes Agripa, rey de Judea, para silenciar las protestas de las autoridades religiosas, complacer a los judíos y dar un escarmiento a la comunidad cristiana, lo escoge como figura representativa y lo condena a muerte por decapitación. Es de este modo, el primer mártir del colegio apostólico. De nuevo la tradición afirma que Santiago fue trasladado hasta las tierras que evangelizó y que fue sepultado en el extremo noroccidental de la península, por la zona de la actual Santiago de Compostela.

Persistiendo sólo la tradición oral, fue a principios del siglo IX el descubrimiento del sepulcro apostólico, en torno al año 820. Cuenta la tradición que un ermitaño, de nombre Pelayo, observó durante varias noches sucesivas unos resplandores o luminarias misteriosas que asemejaban una lluvia de estrellas sobre un montículo. El ermitaño, impresionado por las visiones, se presentó ante el obispo diocesano Teodomiro para comunicarle el hallazgo. El obispo contempló el fenómeno relatado por el ermitaño. Un fuerte resplandor iluminaba el lugar en donde, entre la densa vegetación, encontrarían un sepulcro de piedra en el que reposaban tres cuerpos, identificados como el de Santiago el Mayor y sus discípulos Teodoro y Atanasio. El primer relato pormenorizado que se conserva sobre el descubrimiento es la Concordia de Antealtares, de 1077.

A partir del descubrimiento, el sepulcro se convierte en punto de peregrinación de todo el continente Europeo. El camino quedó definido entonces recurriendo básicamente a las numerosas vías romanas que unían diferentes puntos de la península. Pero ante el impresionante flujo humano, había que dotar al Camino de la infraestructura necesaria para la atención de los peregrinos, y se fundaron hospederías, se crearon hospitales y cementerios, se levantaron puentes, se construyeron iglesias, se instalaron monasterios y abadías y, lo más importante, se fundaron infinidad de núcleos de población en torno a la ruta, constituyendo un legado histórico y artístico tan importante que aún hoy es imposible valorar. En el siglo XIV comienza un profundo declive, provocado tanto por las catástrofes que asolaron la centuria (sobre todo la peste negra) como por las numerosas guerras en las que se vio envuelto el continente.

En 1878 el Papa León XIII expide una Bula confirmando la autenticidad de los restos del Apóstol, que habían sido reencontrados tras haberse escondido contra los saqueos casi tres siglos antes. Este hecho, junto al descubrimiento de la tumba de Teodomiro en 1949, hace renacer el interés por el Camino de Santiago. A partir de los años setenta del siglo XX, comienza un resurgir del Camino, gracias al apoyo de las administraciones, las visitas del Papa a Santiago en los años ochenta y el renovado esfuerzo de la Iglesia, el desarrollo de múltiples asociaciones y cofradías y la declaración de Patrimonio de la Humanidad. El año 2001 llegaron a Santiago más de sesenta mil peregrinos de un centenar de países. En el 2002 se está superando esta cifra en un 10-15%